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Tu primera conversación

Estás dispuesto a aprender el idioma. Te has comprado un buen libro de texto. Te levantas antes de ir al trabajo para dedicarle tus 30 minutos de estudio diario al idioma.

Cuando estás en el gym, escuchas un podcast sencillo de la BBC.

Últimamente estás viendo Juego de Tronos en versión original con subtítulos.

E incluso antes de acostarte haces el esfuerzo de memorizar 5 palabras de vocabulario nuevas cada día.

Parece que vas encaminado a lograr la tan ansiada fluidez.

Pero hay un elemento que falta: aunque estás exponiéndote al idioma no lo estás activando.

La fase activa y pasiva.

La fase activa se compone de dos canales de la comunicación: hablar y escribir.

La fase pasiva se divide en los otros dos canales de la comunicación restantes: escuchar y leer.

Escuchar te ayuda a hablar mejor.

Leer te ayuda a escribir mejor.

Pero hay un tope.

Si quieres hablar mejor, tienes que practicar conversación.

Si quieres escribir mejor, tienes que escribir textos.

Es así de simple.

Repaso.

Estás estudiando un diálogo al día. A veces tienes la motivación al máximo y te echas encima varios diálogos. Te está motivando bastante el nuevo libro, y de alguna manera quieres terminarlo lo antes posible para obtener esa grata sensación de “objetivo cumplido”.

Error.

En el proceso del aprendizaje del idioma, la velocidad indiscriminada es enemiga de la absorción. Un idioma solo puede ser aprendido, y forzar la máquina sin dejar el debido tiempo para que el cerebro se reponga deriva en un necesario Burnout.

Para sacar el máximo provecho del estudio de los diálogos del libro de texto, la mejor forma es jugar con el mismo hasta la saciedad. Sacarle todo el jugo posible.

Por ello…

Apréndete el diálogo de memoria. Recítalo con pronunciación perfecta. Entiende cada uno de los sonidos. Traduce de un idioma al otro. Y no dejes de machacarlo hasta que no entiendas cada una de las palabras y estructuras gramaticales nuevas que aparezcan en el texto.

Que no haya piedad hasta que “le hayas dado un buen repaso”.

El cerebro absorbe lo que ve repetidamente. Lo que aparece continuamente enfrente de tus sentidos, es lo que tu cerebro considera relevante y decide almacenar a largo plazo. Así que simplemente dale la oportunidad a tu órgano cognitivo de exponerse en múltiples formas distintas a la información de tu interés para que no lo olvides nunca.

Es un esfuerzo doble que a la larga merece la pena.

El miedo es un indicador de una futura recompensa

Uno de los mayores miedos que tenemos es a hablar el idioma. Nos decimos continuamente que no tenemos suficiente vocabulario, que no sabemos expresarnos decentemente aún.

Es cierto.

Tampoco se expresa de maravilla un niño de 3 años de edad en su lengua materna, y sin embargo lo hace. Una y otra vez.

Así que si quieres, que las conversaciones se materialicen. Haz que sucedan. Todos hemos hecho el ridículo alguna vez, y algunos sobrevivimos para contarlo. Incluso en otro idioma.

¿Cómo tener mi primera conversación?

El fin de semana ha estado genial. Ya es Domingo por la tarde, y quieres exprimir al máximo los próximos 7 días que te vienen por delante. Que cada uno de los tiempos que inviertas en el idioma te sirvan para estar más cerca de tu objetivo.

Así que por ello, necesitas un planeamiento semanal.

Agendar las conversaciones por adelantado. Poner día y hora. Y si me apuras, hasta tema de conversación.

Ya sea con el tutor de idiomas que contactaste a través de Italki o con tu amigo extranjero con el que chateas a través de Hellotalk.

Tener un sistema en el que puedas confiar es el mejor de tus aliados para progresar en el idioma.

¿Y tú, estás ya hablando el idioma?

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