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La dieta de los idiomas


Justo al acabar el libro “The Primal Blueprint” del autor Mark Sisson, creador de la Dieta Paleo, que es un ensayo que trata acerca del estilo de vida que tenían nuestros primitivos ancestros. Desde la manera en la que se movían, hasta cómo comían, cazaban o socializaban entre sí.

En el mismo además se ofrece un enfoque acerca de cómo el ser humano de hoy en día puede reconectar con el mismo a través de la adaptación de las prácticas primitivas en la vida moderna.
A medida que iba leyendo el libro se me iban ocurriendo una cantidad pasmosa de paralelismos con el aprendizaje de idiomas, las cuales te presento a continuación:



1. “Come animales, insectos y plantas”


En la antigüedad:

Para mantenerse fuertes, y sanos, nuestros ancestros comían todo tipo de alimentos, dependiendo de la región geográfica donde se situaran. De todos los componentes básicos, su dieta fundamental estaba basada en las proteínas, grasas y carbohidratos. Esta combinación dietética proporcionaba la energía necesaria para desarrollar músculos fuertes.

Cuando había alimento, comían, cuando no, se nutrían de las reservas de lípidos almacenadas en el organismo.

Esto junto con la actividad física propia necesaria para garantizarse su supervivencia, nuestros ancestros siempre estaban en forma óptima.


En el presente:

Consume alimentos con alta carga proteínica: pescados y carnes, además de verduras. También algunas frutas seleccionadas y grasas naturales (aguacate) y frutos secos (nueces, almendras, etc). Elimina legumbres y azúcares artificiales.


Aplicación a los idiomas:

Dale a tu cerebro el input necesario para que funcione bien. Aparte del omega3, que se encuentra en el pescado y aumenta la capacidad de almacenamiento de información, incluye también la dosis de memorización de vocabulario, el listening necesario y la puesta en práctica de las habilidades orales y de escritura.


2. Muévete a un ritmo tranquilo


En la antigüedad:

Nuestros ancestros pasaban largas horas caminando, deambulando, escalando, y gateando por distintos terrenos. Hacían lo que hoy en día conocemos como ejercicio aeróbico moderado. Dado que cada centímetro de su cuerpo estaba en contacto total con las distintas pendientes que se encontraban, todos sus músculos y ligamentos se desarrollaban a la par y en completo equilibrio.

Justo lo contrario a a hacer “running” al 80% de la capacidad máxima de nuestro corazón durante largos periodos de tiempo, que es justamente lo que la sabiduría popular proclama.


En el presente:

Camina durante 2 a 5 horas a un ritmo tranquilo con un calzado de un grosor mínimo con la finalidad de involucrar en el movimiento natural a todos tus músculos y ligamentos; y sentirte más conectado con la tierra, como beneficiosa consecuencia.

El efecto general que tendrá en tu organismo será el de mayor capilaridad de los vasos sanguíneos, una superior capacidad del cuerpo para eliminar grasa y aumento de la resistencia física.

Aplicación a los idiomas:

Mucho input durante largos períodos de tiempo. Evita sobrecargar tu estudio. Aprovecha tus sesiones de running en el gym, o esos trayectos habituales del trabajo a casa para escuchar podcasts simples, o audiolibros. Las lecciones de Pimsleur de 30 min de duración son también idóneas para tal cometido.


3. Levanta pesas


En la antigüedad:

Las mujeres cargaban a los niños la mayor parte del tiempo y los hombres se dedicaban a transportar maderas, piedras y animales cazados para construir refugios y fortalezas.

Estos períodos cortos, pero intensos de ejercicio físico le permitían a nuestros ancestros desarrollar músculos fuertes.


En el presente:

Ve al gimnasio y levanta pesas de 30 a 45 minutos al día, de 2 a 3 veces a la semana. Enfócate en movimientos que involucren al cuerpo completo, y no solo músculos determinados. Emula los movimientos de nuestros ancestros: salto, sentadilla, empujar, tirar, girar. Tales actividades estimularán a nuestros genes a incrementar la resistencia y fortaleza de los músculos, la densidad de los huesos, la secreción de hormonas y la quema de grasas.


Aplicación a los idiomas:

Siéntate con el libro de texto en tu escritorio, y practica con los diálogos. Absorbe las estructuras gramaticales tras realizar traducciones directa e inversa.


4. Corre rápidamente, de vez en cuando.


En la antigüedad:

En un mundo donde el número de peligros existentes era una constante, la habilidad para correr verdaderamente rápido en un sprint era tremendamente valiosa. Tu habilidad para correr determinaba si vivirías lo suficiente para poder pasar tus genes a la siguiente generación.


En el presente:

Haz varios sprints lingüísticos, varias veces a la semana, en la playa, en el parque o en la cinta de correr. Estos períodos cortos de intensidad elevada ayudan a secretar la hormona HGH.


Aplicación a los idiomas:

Practica el idioma en sesiones cortas con tu tutor o penpal (intercambio de idiomas). Crea conversaciones que reflejen situaciones potenciales en la vida real, con el fin de ir acostumbrándote al idioma e integrándolo en tu vida.


5. Duerme mucho.


En la antigüedad:

Nuestros ancestros dormían a tutiplén. Desde que el sol se ponía hasta que salía al alba, era mucho más seguro reunirse y dormir juntos. Las largas caminatas junto con la recolección de frutos, y la caza de animales dejaban exhaustos a nuestros ancestros. Dormir era la mejor forma de recuperarse físicamente para enfrentar de la mejor manera posible otra jornada de supervivencia.


En el presente:

Duerme todas las horas que tu cuerpo necesite. Nuestras vidas son a menudo tan frenéticas, y tenemos tantas cosas que hacer que es con frecuencia difícil dormir lo suficiente. Sin embargo, dormir es uno de los factores más importantes a la hora de mantener una buena salud, estar rebosantes de energía y propiciar un fuerte sistema inmune.


Aplicación a los idiomas:

Descansa lo suficiente entre sesión y sesión. No te metas sesiones de 8 horas de estudio, y n después te olvides del idioma hasta dentro de una semana. Divide tu tiempo en pequeñas sesiones durante periodos largos de tiempo.


6. Socializa


En la antigüedad:

Las sociedades cazadoras-recolectoras generalmente trabajaban muchas menos horas y socializaban mucho más que la sociedad occidental que se enfrasca en jornadas laborales de 40h.


Una vez que el trabajo (recolección de frutos, caza, etc) llegaba a su fin, nuestros ancestros disfrutaban de largas jornadas de socialización con los miembros de su tribu.


Los miembros jovenes jugaban y luchaban entre sí para conseguir un estatus superior dentro del escalafón social de la tribu, tiraban piedras a determinados objetos para afinar puntería y perseguían pequeños animales como preparación previa a la caza de más grandes presas.


Las mujeres pasaban bastante tiempo aseándose y acicalándose las unas a las otras. Hasta el punto de que el juego estaba considerado beneficioso, el objetivo era fortalecer lazos entre miembros de la tribu, liberar endorfinas de la felicidad y reducir el estrés relacionado con la caza y la vital protección de distintas amenazas naturales que sufrían en el día a día.


En el presente:

Aparte del ejercicio físico mencionado, realiza actividades grupales donde pongas en práctica tus habilidades físicas para disipar los efectos crónicos del estrés que has acumulado durante la semana.


Aplicación a los idiomas:

Disfruta el idioma. La lengua extranjera de tu elección debería ser un medio para socializar con personas, acumular mayores conocimientos mientras que llevas a cabo actividades de tu interés, que te resulten divertidas y agradables. Integra el idioma en tu día a día hasta el punto que no puedas dejar de vivir sin el.


7. Toma el sol a diario


En la antigüedad:

Al contrario de la opinión popular, los hombres de las cavernas pasaban la mayor parte del tiempo fuera en lugar de dentro de la cueva. El sol que tomaban era una parte importante de la manufactura en las células de la vitamina D necesaria para que el organismo funcionase correctamente, ya que esta no podía obtenerse de la comida.


En el presente:

Toma el sol cada día (no hasta los límites de quemarte), ya que aumentarás el nivel de vitamina D en tu organismo, además el sol es un poderoso estimulante de tu estado emocional que te permitirá ser más productivo en el trabajo y disfrutar en mayor medida de tus relaciones interpersonales.


Aplicación a los idiomas:

No te encierres en casa todo el día solo a estudiar el idioma. Ve al parque, toma el sol y lee o escucha tu lección del día. Estimulas tu vitamina D y ayudarás absorber el idioma con mayor facilidad.



8. Evita hábitos destructivos


En la antigüedad:

Nuestros ancestros siempre estaban alerta a la espera de cualquier presa que pudiera cruzárseles en el camino. Siempre filtrando señales, oliendo, detectando posibles cambios en el ambiente que pudieran suponer una amenaza potencial para la supervivencia de la tribu.

Recuerda que tener el cuerpo intacto y una simple torcedura de tobillo era la diferencia entre poder correr de un animal y ser su víctima.

Probablemente la baja esperanza de vida de nuestros ancestros se debiera a un mal juicio en algunas de tales jornadas o a un accidente, ya que los recolectores-cazadores actuales suelen mantener su vitalidad hasta bien entrados los 80 años de edad.


En el presente:

Elimina hábitos que te autodestruyan. Estos conceptos son tan evidentes(ponte el cinturón, evita el cigarro, el alcohol, las drogas) que muchos de nosotros aún vivimos con el peligro entre las fauces. Desarrolla un sentido de alerta en tus alrededores.


Aplicación a los idiomas:

Comer mal, dormir mal, tomar alcohol y otras sustancias nocivas no ayudan en absoluto al proceso de asimilación del idioma. Además en la mayoría de los casos te inutilizan para realizar tus sesiones de estudio, (por ejemplo: la resaca del día siguiente que deja el alcohol). Intenta evitarlas, y solo cae en la tentación cuando “el premio” sea muy grande.


9. Elimina cosas venenosas


En la antigüedad:

Nuestros ancestros tenían la habilidad de comer cualquier tipo de plantas y animales. Las frutas con sabor dulce eran toleradas ampliamente, si al estómago no le sentaba mal y la vomitaban primero. De ahí el gusto tan extendido que tenemos los seres humanos por lo dulce (en algunos casos, adicción) como a menudo sucede con el consumo de Coca Cola y otros productos azucarados.


En el presente:

Evita toxinas, pesticidas, herbicidas y otros químicos en la comida y en tu piel. Pero intenta evitar también los venenos escondidos en los azúcares, legumbres, comidas procesadas y grasas trans, además del mercurio que contienen algunas categorías de pescado.


Aplicación a los idiomas:

Al cerebro no le gustan los pesticidas. Punto.


10. Utiliza el cerebro


En la antigüedad:

Uno de los principales motivos por los que nuestros ancestros eran dueños y señores de su entorno fue por la capacidad intelectual que fue evolucionando debido a una dieta de muchas grasas y proteína, y el uso extendido del pensamiento complejo para detectar amenazas, clasificar las cientos de plantas existentes, y en general controlar su entorno.


En el presente:

Utiliza tu cerebro diariamente, tal y como hicieron nuestros ancestros.

Se imaginativo, creativo y atento. Si tu trabajo no es estimulante (o incluso si lo es), encuentra tiempo para leer, escribir, tocar un instrumento e interactuar con otras personas.


Aplicación a los idiomas:

Encuentra nuevas formas de estudiar el idioma. De practicar los diálogos. Distintas situaciones, en diversos escenarios. Busca nuevas usos que le puedes dar el idioma. Si algún día te aburres, sal de tu zona de confort y dale la chispa necesaria a tu cerebro para que se vuelva a enamorar del idioma.


¿Qué te ha parecido el artículo? ¿Cuál es tu ingrediente favorito de la dieta de los idiomas?

Escríbeme un comentario y seguimos la conversación 🙂

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